Este es un artículo muy interesante que he leído en el diario The Economist, sin firmar, sobre nuestra percepción en lo que consideramos inflación. Les dejo con él:
La asequibilidad es un término difuso que puede significar cualquier cosa que a uno le parezca cierta. Decirle a la gente que deje de quejarse y que se conforme con lo que tiene —la estrategia de María Antonieta— no está funcionando para una Casa Blanca cuyo tono y decoración recuerdan cada vez más a Versalles. Para desesperación de muchos, los votantes quieren cosas contradictorias: precios bajos cuando compran, salarios altos para ellos mismos; pocos inmigrantes pero mucha mano de obra barata; que suban los precios de la vivienda cuando son propietarios y que bajen cuando sus hijos quieren comprar.
Las economías prósperas están llenas de tensiones como estas. Los políticos, de forma natural, dicen lo que resulta atractivo en las encuestas para ganar elecciones. Si la única consecuencia de la cuestión de la asequibilidad fuera que los votantes castigaran a los gobiernos por los altos precios, no sería tan grave. Pero si se diagnostica mal el problema, aumenta el riesgo de que se introduzcan políticas perjudiciales para “arreglarlo”.
Eso se debe a que hablar de una crisis de asequibilidad mezcla preocupaciones ficticias con otras reales. Empecemos por los problemas imaginados. La gente es muy sensible a los precios de aquellas cosas que compra a menudo. Un litro de leche costaba 3 dólares en las tiendas estadounidenses en enero de 2019 y ahora cuesta 4 dólares. Los precios de los alimentos también han subido en Europa, al igual que los de la energía. Sin embargo, los salarios están creciendo más deprisa que los precios a todos los niveles de renta, tanto en Europa como en Estados Unidos. En este sentido, no existe una crisis de asequibilidad. Además, nadie debería querer realmente que los precios vuelvan a los niveles de 2019. Si ese fuera el objetivo, los responsables políticos tendrían que tratar de seguir el ejemplo de Grecia tras su crisis de deuda, cuando sufrió una depresión y una deflación.
Sin embargo, la historia de la asequibilidad va mucho más allá del precio de la leche o de la electricidad. A medida que las sociedades se enriquecen, la proporción del gasto destinado a bienes disminuye y aumenta la que se dedica a servicios. Cuando Trump nació, el 60% del consumo de los hogares estadounidenses se destinaba a bienes. Ahora, ese porcentaje está por debajo del 40%, mientras que el gasto en servicios ha crecido. Muchas personas han olvidado cuánto tiempo debían ahorrar sus padres para comprar un televisor y, por tanto, no valoran las cadenas de suministro globalizadas que han permitido que los bienes sean mucho mejores y más baratos.
Mientras tanto, les sorprende lo caro que resulta ahora cortarse el pelo, por no hablar de lo que cuesta el cuidado infantil. Aunque tanto los bienes como los servicios se incluyen en los índices de inflación, los servicios siguen siendo obstinadamente resistentes a las enormes ganancias de productividad que se han visto en la industria. En la eurozona, la dificultad de acceso a los servicios se presenta de otra forma. Como los precios de servicios como la sanidad o el alquiler de viviendas están más regulados, el problema es más bien la disponibilidad que la asequibilidad, y a menudo se resuelve haciendo cola, lo que tampoco resulta satisfactorio.
Ese es el primer gran problema de accesibilidad real. El segundo es que, aunque los salarios reales sí han aumentado, no lo han hecho al mismo ritmo que los activos. La relación entre riqueza y PIB está cerca de máximos históricos en Estados Unidos. Para entender las consecuencias de esto, imagina a dos personas que ganan el mismo sueldo, situándolas entre el 10% de la población con mayores ingresos. Su nivel de vida sería la envidia de magnates o monarcas de épocas pasadas.
Imagina ahora que una de estas personas heredó un millón de dólares hace diez años. Si ese afortunado hubiera invertido el dinero en el S&P 500, ahora tendría cuatro millones. Cuando estas dos personas quieren comprarse un coche o un teléfono, no hay problema. Ford o Apple pueden fabricar una unidad adicional y venderla al mismo precio. Pero cuando quieren adquirir bienes posicionales, como un piso en San Francisco con buenas vistas, entran en competencia. Para una de ellas, esto se vive como una crisis de asequibilidad.

Molt interessant, el final de l'article es demolidor: "La crisis de la asequibilidad podría convertirse en otro de esos relatos que, de tanto repetirse, acaban por aceptarse como verdaderos, aunque contradigan los hechos. Eso la convierte en una trampa".
ResponderEliminarSalut
Crec que és molt bó.
EliminarFàcil d entendre.
Salut
Entonces alguien tendría que inventar una alternativa al IPC. Algo así como el IAS (Índice de Asequibilidad Social), aunque me temo que como el primero, tampoco serviría para nada más, que para marear la perdiz.
ResponderEliminarNo diría que no, RICARD, lo que voy a poner es un poco de "inocente", pero existe un país que tiene algo similar, es Buthan con IFB (Índice Felicidad Bruta), * y les funciona.
EliminarSaludos
* https://www.google.com/search?q=buthan+indice+de+felicidad&oq=buthan+indice+de+felicidad&gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyBggAEEUYOTIICAEQABgWGB4yCAgCEAAYFhgeMgoIAxAAGIAEGKIEMgcIBBAAGO8F0gEINzI2MWowajeoAgCwAgA&sourceid=chrome&ie=UTF-8
Sí. Lo conocía. Y hablando de otra cosa, cuando puedas, pásate por mi blog, que hay algo nuevo, sobre lo que también se admiten propuestas.
EliminarMe acabo de pasar. Me parece una idea excelente.
EliminarComo se dice coloquialmente, cada uno cuenta la historia ( la propia y la de todos) según le va.
ResponderEliminarSaludos.
Sin duda alguna, CAYETANO.
EliminarBuen día y ojo al fresquete, que hoy hace, y mucho ¡
Saludos
Al ver la imagen ,
ResponderEliminarme acordé del
Bela chao , puede
estar relacionado?,
un saludo.
Quizá por el origen italiano, por lo demás no lo creo.
EliminarUn saludo, Orlando ¡
Había preparado una argumentación sobre el tema que nos planteas desde la posición de Milton Friedman, pero he preferido dejarlo estar. En resumidas cuentas, la escuela de Chicago expresaría su rechazo a las regulaciones de precios, de alquileres o de servicios porque provocan escasez, restricciones e inflación descontrolada que es el caso de Argentina con el peronismo. Friedman hablaría de dejar que el mercado libre regularice y fije las reglas. No puede darse el caso de que se quiera precios como los de 2019, salarios más altos y que la inflación no suba. Es un contrasentido. Me hubiera gustado escribir más extensamente pero he pensado que sería excesivo. Un abrazo, Miquel.
ResponderEliminarRecuerdo que en Chile no le funcionó, JOSELU. Pero de economía sé poco, solo que el artículo me agradó porque lo explica muy sucintamente y puedo captarlo.
EliminarGracias por la dedicación a la respuesta.
Un abrazo, JOSELU
Por lo que vemos, todo tiene pinta de que vayamos a un nuevo orden mundial dominado por las ambiciones personales de determinados gobernantes.
ResponderEliminarLa dimensión de su ambición es una cosa plástica y fluctuante que depende de las ganas de robar que tenga el político de turno, depende más de su bolsillo que del bien general.
Parece caer el sistema social que ha presidido el crecimiento de Europa y todo vaya presidido por la voluntad del más fuerte.
Las mentiras y la manipulación son las herramientas que utiliza el crápula de turno para dominar y conseguir votos.
Poco a poco se ha ido sustituyendo la economía productiva por la economía de servicios, por no decir la economía de ficción o la virtual donde se compra y vende humo y se compra y se venden las voluntades por un plato de lentejas- hoy el plato de lentejas podría ser el número de seguidores que tiene un "influencer".
Ocurre que la producción de bienes se ha deslocalizado y en la actualidad, el coste de servicios y de la burocracia es exorbitante y y grava sobre la economía real.
Los aranceles y la regulación de precios acaba teniendo unos efectos negativos
Salud.
Interesantísimo lo que describes, Francesc Cornadó. Con pocas palabras nos sitúas. Que gran verdad la que nos dices: Poco a poco se ha ido sustituyendo la economía productiva por la economía de servicios.
EliminarSalut
Me abruma lo complicado que resulta el mundo :) lo sencillo que es manipularnos, es un juego de tahúres donde nunca nos dejarán ganar. Ante mi ignorancia hago lo posible por entenderlo, pero es muy tentador pasar de todo y meterme en una cueva.
ResponderEliminarDesde luego, BEAU, esto es complejo. No puede uno llegar a entender los entresijos que hay, ni las alianzas bajo mano.
EliminarUn saludo
Aquí están los comegambas, en Italia los comepizzas, pero eso si, unos y otros a costa del que curra.
ResponderEliminarLos no currantes viviendo de los currantes. Que paradoja
Aunque bien es cierto que antaño si hacían su labor, a día de hoy correas de transmisión del poder, son unos "amarillistas"
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