A menos de un cuarto de hora del final del autobús V 21, que acaba en barrio de Montbau y, siguiendo una pista forestal que no tiene pérdida, me sitúo en pleno bosque de Collcerola. A no más de un cuarto de hora, la ermita de Sant Cebriá, datada del s. XII, pero reformada en el s. XVIII, se aparece como por arte de magia. Mínima espadaña, y techo a dos aguas, trenzada en el bosque. Una belleza sin par.
Víctima de los vándalos del 1936, el reloj de Sol desapareció, un vertical declinante, encarado al sud-este, de factura rectangular, del que les doy muestra en una foto que tenía guardada y de la que carezco el nombre del autor.
PD: Les ruego cliquen a los enlaces, les agradarán las explicaciones sobre el reloj y verán la panorámica de esta bella ermita en medio del bosque.
Interior. Foto de La Vanguardia.
