Chasis de un tranvía reconvertido en bar. 1971 Can Valero. Montjuïc
Este es un país contradictorio, tenemos unas autonomías que son propias de un país federal contrarrestando situaciones que podrían pertenecer a un estado de la década de los sesenta.
Me explicaré: Deseo ver la exposición de la pintora de Hilda Kleimt. Ningún problema; hay método de traslado a Bilbao, la entrada pertinente al museo Guggenheim está disponible, y la reserva del hotel para dos días está aceptada.
Pero surge un serio dilema, el sanitario. Una persona que tiene una enfermedad crónica, sea esta la que sea, no está segura en este país si se traslada de una autonomía a otra. ¿Por qué?, porque entre ellas está vetada la información sanitaria pertinente al no estar el sistema sanitario integrado, de manera que no se puede abrir el fichero de la Seguridad Social entre hospitales de distinta comunidad, y no se puede ver el Historial Clínico como tendría que ser, y de esta manera no está al alcance de los médicos el poder valorar la enfermedad, el tratamiento, el seguimiento y toda la problemática clínica del paciente.
O sea, si usted vive en Catalunya y tiene algún problema coronario, por ejemplo, y se le desata un cuadro anómalo en Bilbao, y ha de ir al ambulatorio, ya no digo Urgencias, lo tiene mal: no sabrán cuál es su medicación, no sabrán cuáles son sus antecedentes, no sabrán las intervenciones a la que ha sido sometido, no sabrán absolutamente nada de sus análisis y estará el facultativo que lo atienda tan vendido como si hubiera venido en una patera desde Togo.
Y dios le coja confesado si por esas tiene que ingresar, allí más le vale una estampita de la Virgen de Lourdes.
Esta es una anomalía del sistema que ninguna comunidad está dispuesta a solventar con el resto peninsular, los consejeros, los ministros del ramo comunitario, aducen que las competencias están trasladadas y sólo pertenecen al ámbito donde reside el paciente y nadie más que la sanidad de esa autonomía tiene derecho a entrar en el fichero.
En realidad se trata al paciente como cliente, porque priman más los intereses crematísticos que la salud del ciudadano.