Es complejo situarse, pero miren el campanario de la iglesia de la foto en color (primera inferior), y a la derecha de la imagen, escondido entre el bloque edificado y la farola de la luz. Nada que ver con los casi 150 años de diferencia de la otra foto, la de blanco y negro. El valle ya no es valle, ni la iglesia asoma con el campanario como edificio más alto de la barriada. El cementerio queda escondido entre la memoria de la gente y los cipreses son los amos del lugar. Sigue siendo una de las iglesias románicas más bellas de nuestra ciudad.
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