Todo lo anónimo me produce miedo. Las cartas y los mensajes sin firma; las llamadas sin nombre; los escritos dejados detrás de una entrada en el bloc sin un remite; los emboscados, las caretas y las capuchas, las mascarillas, aunque sean de carnaval; las capuchas de Semana Santa.
Me gusta las caras descubiertas. La firma detrás de una entrada, el apretón de manos en una visita.
Todo lo anónimo lleva sello, aunque lo niegue, la de la falta de un argumento para rebatir.
Nunca me han gustado los anónimos.
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