Dicen los más viejos del lugar que siempre, siempre, ha estado allí.
No hay explicación alguna. Además, ya forma parte del barrio. Otro de los secretos que seguramente no podremos averiguar jamás. Aunque este es inofensivo, tanto como la ropa tendida que nos hace retroceder en el tiempo.
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ResponderEliminarSe dice que esas casas las construyeron militares a las órdenes de Felipe V, el odiado Borbó. Y como entre ellos había algunos masones, éstos tal vez pusieran allí esa mano, que creo que es un símbolo masónico de la fraternidad, con el afegit de los dos triángulos, otro símbolo que esa gente utilizaba al parecer. No sabemos si porque allí vivía uno de esa secta o quizá se trataba simplemente de una especie de señal de tráfico un poco sui géneris. En cualquier caso, lo que más me gusta de la calle San Carlos es que, unas manzanas antes de esa esquina con la mano, en el nº 4 está Can Solé, un restaurante estupendo, donde nuestro padre nos invitaba siempre a cenar el día que acabábamos el curso en la universidad.
ResponderEliminarUn abrazo.