Tengo entre las manos un libro de ultimísima hornada, lleva por título La crisis espiritual de la Democracia.
En su introducción, digna de tener en cuenta, nos dice: "Para Robinson Crusoe no existen los derechos y sus deberes derivarían de la moral que había aprendido en su país de origen, no de su situación real"
Sus autores, pues no solo es un autor, sino quince, reúnen en este libro parte de su pensamiento filosófico, y sostienen que la democracia auténtica no se reduce al voto ni a la aritmética de mayorías y minorías; su fundamento está en la dignidad de la persona en valores innegociables como lo son el bien común o la justicia y que sólo recuperando esta raíz se podrá recuperar la herida que instalada en nuestras instituciones y recuperar la confianza en la política como acto de servicio.
La metafísica puede explicar la crisis espiritual de la Democracia y creo que también puede formular muchas preguntas.
ResponderEliminarA mí me parece que el derecho, más que derivar de la moral, debería derivar de la asunción de responsabilidades. La moral se fundamenta en unos principios originales que nos vienen casi "de fábrica" pero va cambiando con la educación, con el ejemplo de los padres, con la experiencia, con el infortunio y con el ejemplo de la realidad que nos rodea. La moral es cambiante con el tiempo y con el lugar.
La enfermedad de la democracia proviene a mi entender de la dejación del compromiso cívico, del acomodo, de la falta de esfuerzo y voluntad de servicio al bien común, de la no aceptación de la diversidad, de la intolerancia, de la superstición, de la mitomanía o exaltación de algún líder o símbolo...
La Democracia como sistema político no debería depender del juego perverso de la aritmética de los votos que se mueven de un lado para otro, a merced de los intereses partidistas. Debería ampliar las miras hacia un futuro y un espacio que va más allá del interés de algún politiquillo de turno, a veces un corrupto o un botarate, un descerebrado, un alguien que se cree que su ombligo es el centro del mundo, un justiciero movido por su interés o su inconmensurable orgullo pistolero, etc.
Veo que el libro es un compendio de unos autores muy notables.
Gracias por tu recomendación.
Abrazos.
El problema de España es el cómputo electoral. Cuando pudieron solucionarlo no lo hicieron. Un beso
ResponderEliminarEstoy totalmente de acuerdo con el diagnóstico del estropicio político que vivimos en la mayor parte de Occidente. La sociedad actual se ha dejado embaucar con el individualismo, la falta de solidaridad con el vecino, el consumismo feroz y la jactancia de la ignorancia en contraposición a la cultura tradicional.
ResponderEliminarEl caldo perfecto para el crecimiento de los fascismos y la tiranías. Ahí tenemos el ejemplo de la política de Estados Unidos, que siempre ha marcado el camino a Europa con algunos años de anticipación. El retorno del matonismo de la Gestapo y las SS, policías en las calles capaces de ejecutar a tiros a cualquiera bajo la sonrisa bobalicona de un Trump que asegura que un enfermero de hospital abatido de siete disparos mientras estaba en el suelo era un “terrorista”.
Y aplaudido sin reservas por sus partidarios.
Y aquí tenemos nuestyros propios demonios en forma de ultraderecha que en poco tiempo ganará elecciones sin haber presentado un programa político, salvo el "viva España" y "moros fuera".
Siento ser tan negativo, pero no veo salida ni solución. Acabo de escuchar una entrevista a Isabel Coixet donde relata su experiencia en Estados Unidos en los últimos meses, y pone los pelos de punta.
Un abrazo.
He estado sumergido en la lectura de La crisis espiritual de la democracia y no he podido evitar acordarme de nuestras conversaciones. El libro plantea una tesis fascinante pero, a mi juicio, quizás demasiado optimista sobre el poder de la razón.
ResponderEliminarTe cuento mis impresiones, con el afecto de siempre, aunque reconozco que mi visión es algo más sombría que la del autor:
El texto habla de la teleología de la inteligencia —esa idea de que el ser humano y la política deben tener un propósito elevado, un "fin" trascendente más allá de la mera supervivencia—. Sin embargo, me pregunto si estas reflexiones éticas, casi metafísicas, tienen alguna capacidad real de revertir la deriva de Occidente.
Mi sensación es que la polis actual ya no se rige por el "bien común" aristotélico, sino por una suerte de darwinismo social. Todo se mide con base en la fuerza: el poder aplasta la disidencia, ya sea por medios sutiles o por la fuerza bruta, y la democracia ha quedado reducida a un equilibrio inestable de fuerzas que compiten ferozmente por el voto.
El libro rescata a Aristóteles y su idea de que la Política busca la "felicidad colectiva". Pero hoy vemos que las cohortes más jóvenes (como subraya el texto) están dispuestas a sacrificar la democracia por una dictadura que les asegure bienestar económico.
Esto refuerza mi tesis: cuando la política se desentiende de la moral para centrarse solo en el poder (siguiendo esa estela de Maquiavelo que menciona el autor), la "felicidad pública" se convierte en un lujo que sucumbe ante la ley del más fuerte.
Me temo que el "olvido de la teleología" que diagnostica el libro no es una enfermedad que se cure con más filosofía, sino una mutación del sistema hacia la pura mecánica del poder. ¿Crees que hay margen para que la ética vuelva a domesticar a la fuerza, o estamos ya en un escenario donde solo sobrevive quien mejor manipula los equilibrios de poder?
Un fuerte abrazo.
Pues se diga lo que se diga,la democracia es lo mejor que tenemos,para salir de la situación actual.No hay que inventar nada.La misma nos trajo a un Trump,por unas circunstancias económicas concretas,lo echará cuando se queme en sus propias ideas.En Davo,bastó una sola señal:la venta masiva de dólares,el dólar se hundió.Primer aviso.Cambió su rostro,envejeció dos años.Que le den,que le den...
ResponderEliminarLo inmoral es que según estimaciones han muerto entre rusos y ucranianos más de un millón de soldados,para nada.