SÓNSOLES, SI YO HE PODIDO CUALQUIERA PUEDE SER PRESIDENTE (sic)

martes, 5 de julio de 2022

Cuentos de Navidad. Los comentarios




Cuando aquella mañana fuimos reunidos por la gerencia de la factoría no nos imaginábamos ni por un momento el resultado final.

Gerencia, Dirección, Departamento de Compras, Departamento de Personal, (ahí estaba yo como máximo representante), Departamento de Marketing, Departamento de Contabilidad, Departamento de Logística y Departamento de Ventas.

El Sr Manzano, una persona cualificada dentro de su ramo, psicólogo de empresa, había sido citado previamente por la Dirección de la Empresa para tener un cambio de impresiones con los diversos departamentos de la fábrica. Esta contaba con unos doscientos cincuenta empleados fijos, más los temporales que podía ascender a una cincuentena en temporada alta.

Gerencia estaba compuesta por tres máximos accionistas que representaban al resto y donde mi departamento no tenía ni voz ni voto; Dirección por dos personas, el director propiamente dicho y el subdirector; Compras era regentada por mi persona, con un subdirector y una delegada de Relaciones Laborales; Marketing lo llevaban tres mujeres, muy competentes, por cierto; el Departamento de Contabilidad era regentado por dos mujeres; del Departamento de Logística se encargaban dos personas y del de Ventas otras tres. 

Así, diez y ocho personas nos encontramos a las siete de la mañana citadas a pie de pasillo, pasillo que iba a dar a la Sala de Juntas y que estaba en lo más alto del edificio.

Nadie sabía, tan siquiera el director, del porqué de la citación. Si hubiese sido por problemas financieros lo hubiéramos sabido anteriormente por contabilidad, si por problemas estructurales, hubiera sido yo el primero en enterarse.

Así, entre estas diatribas andábamos cuando de repente el Sr Manzano abrió la puerta del despacho y conminó a entrar al primero de los tres representantes de gerencia. Al cabo de un cuarto de hora citó al segundo, pero no dejó salir al primero, y al cabo de otro cuarto de hora citó al tercero, pero impidiendo la salida del primero y el segundo.

Pasados quince minutos más le tocó el turno al director, que también quedó dentro cuando se llamó al subdirector.

Ahora me tocaba a mi. Fui llamado justamente a la hora y cuarto después de la primera citación. Al entrar el Sr Manzano me saludó muy efusivamente, mientras las cinco personas que habían entrado anteriormente se encontraban sentados y en completo silencio. Me pareció todo muy extraño.

Buenos días, Señor Miquel. Buenos días a todos, respondí. Estamos aquí, Sr Miquel porque quiero que la última persona que entró en la sala, el subdirector de la empresa, le explique lo que le ha explicado anteriormente el director.

No entendí nada y le rogué que me lo repitiera. Si, mire, me respondió, al primero en entrar le he enseñado un dibujo en la pantalla de proyecciones, ha tenido quince minutos para verlo, no ha podido apuntar nada porque no está permitido, sólo memorizar lo que ha visto. Después, él le ha explicado lo que ha visto durante esos quince minutos al siguiente que ha entrado, pero nadie podía hablar salvo quien explicaba lo que le había sido comentado por la persona anterior, así lo visto por la primera persona se traslada a una segunda y es la segunda quien lo explica a la tercera y sucesivamente; es evidente que los que ya les ha sido explicada por la anterior persona queda dentro de la sala con la imposibilidad de hablar en el pasillo.

Ahora escuche lo que le ha de comentar el subdirector. Tome asiento y cuando acabe lo que le ha de decir el Sr González hágale las preguntas que crea pertinentes, pero sólo a él, los demás tienen prohibido hablar con usted.

Tienen quince minutos.

El Sr Gónzalez, me explicó lo que antes le había explicado el director, a su vez explicado por un gerente que le explicó el otro gerente explicado por un primer gerente. 

Según el subdirector me comentó, por lo que parece se trataba de un cuadrado gigante. Este cuadrado estaba dividido en cuatro partes y dentro de esas cuatro partes, en cada parte un dibujo. En el centro del cuadrado había un círculo que se superponía a los cuadrados, con otro dibujo en su interior.

Me dijo que en la parte superior izquierda el dibujo estaba compuesto por una familia con un niño pequeño, que este niño iba cogido de la mano de la pareja. El de la superior izquierda contaba con un cepo de la Policía Municipal. El inferior izquierdo era una cama con un matrimonio dentro de ella; el de la derecha, un hombre con el mar de fondo y unas estrellas. En el interior del  círculo había un señor estirado que parecía muerto. 

Trascurridos los quince minutos en los que la explicación varió sutilmente, la pareja ya no se acordaba si le habían dicho que era de dos hombres, de dos mujeres o de un hombre y una mujer, y el cepo pasó a convertirse en una cesta en forma de cepo, mientras que el matrimonio no era tal sino que parecía que eran amigos por la disposición de lo que le habían explicado, le tocó callar. A mi me tocó recordar lo que me habían descrito y traspasarlo al siguiente de la lista, siguiente que estaba a punto de entrar, o sea Manel, el subdirector de personal.

Se mandó callar al resto y me tocó explicar lo explicado anteriormente. Los demás excepto yo debían ya permanecer callados, sin poner, acotar , decir, comentar o comunicarme cosa alguna.

De entrada le expliqué lo del cuadrado dividido en cuatro partes y el círculo central, pero ya no recordaba la posición de los dibujos, y a medida que lo intentaba se me iban borrando los detalles. 

Era curioso ver las caras de los demás asistentes, a cada explicación abrían los ojos, los cerraban, hacían muecas, se mesaban los cabellos, se escapaba alguna risa o simplemente se movían las cabezas en sentido negativo. Cuando esto sucedía el Sr Manzano mandaba estarse quietos, sin objetar ni pestañear.

Fueron pasando sucesivamente todos los empleados de los diversos departamentos, los que él, el Sr Manzano, llamó empleados cualificados.

Así que llegó la última persona, era la Sra Inés, persona muy preparada y que llevaba parte del peso del departamento de ventas. Le fue explicado el proceso y la anterior persona, también de su departamento le explicó lo que anteriormente le habían explicado.

Transcurridas casi cinco horas desde el comienzo de la sesión, el Sr Manzano destapó lo que sólo pudo ver el primer gerente que entró en la sala. Puso el proyector en marcha y mostró la figura del cuadrado, sus partes y los dibujos contenidos en él.

Ningún dibujo se acercó a la realidad de lo que veíamos. Las parejas no eran parejas, ni el cepo era un cepo ni una cesta. No habían muertos. No sabía de donde nos habíamos sacado lo de matrimonios, ni lo de la cama, pues no había cama sino una silla, no existía tal policía municipal y en su lugar eran dos personas con un diario bajo el brazo, el mar era un desierto y las estrellas, piedras, y así hasta el infinito.

Una vez satisfecha nuestra curiosidad sobre las imágenes, el Sr Manzano se puso serio con nosotros. La empresa, nos dijo, basa parte de su fortaleza en las relaciones humanas. Ustedes, continuó, que forman parte de la élite de la misma y no están en la cadena, sólo han contribuído a aumentar un bulo, y con ello a mentir. De lo que sabían o se acordaban de lo explicado por la anterior persona pusieron de su parte, y de lo que no sabían, se lo inventaron. Nadie de ustedes, absolutamente nadie, dijo que no estaba seguro de lo que le habían dicho y que por lo tanto no podía decir nada al siguiente, antes bien inventaron historias. Es así como nace un bulo, como no se desmiente y como no se para, y es así como dentro de los departamentos se crean grupos y malestar.

Con sequedad y dirigiéndose al gerente le aseveró:  como habrá visto, el primer error partió de Ud, sino recordaba lo que había visto no tenía que comentárselo al director, eso crea malos entendidos y puede hacer que la empresa deje de funcionar con normalidad, hoy los comentarios inventados no han empezado por las cadenas inferiores.

Sin decir más se puso la chaqueta, se ajustó la corbata, cogió la maleta y en un tono de voz muy bajo se despidió con un buenas tardes diciendo: Mi trabajo ha terminado, ahora les toca a ustedes.


PD: Doy fe de que pasó en la realidad.











15 comentarios:

Rodericus dijo...

Conocía la variante del hombre que estaba casado con una cotilla irredenta, y que para verificarlo, finge poner un huevo mientras estaban en la cama.

Ya puedes imaginar como vuelve el "suceso" a los oídos del marido después de circular por todo el pueblo.

El nerviosismo, la falta de memoria visuál,el miedo al ridículo y la incapacidad para reconocer que uno no ha entendido nada, y necesita que se lo repitan.

Buena historia, sí señor.

Un abrazo.

Tot Barcelona dijo...

Real como la vida misma, RODERICUS. Palabra.
Salut

Daniel F. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Daniel F. dijo...

Una buena forma de mostrarnos nuestras carencias, que no son pocas.

Tot Barcelona dijo...

Llevas toda la razón, DANIEL, toda.
Un abrazo

Fackel dijo...

Una cosa es la percepción de lo que vemos y otra la transmisión del mensaje. Y si de por medio hay tensión el descalabro está servido. Pero todo juega para alguna clase de interés y de interesados.

Tot Barcelona dijo...

En ocasiones, FACKEL, trasmitimos por miedo. Miedo a que se den cuenta de que no sabemos, miedo a no ser entendidos, miedo a los superiores, miedo a que un inferior te supere en el lenguaje, miedo a te coman el argumento, miedo a no saber argumentar, miedo. Simplemente miedo. Y eso causa verdaderos malentendidos .
Un abrazo
Gracias por estar

Francesc Cornadó dijo...

Cada uno añade algo de su cosecha y la bola se hace cada vez más grande, crece el bulo.
Cuánto aprecio el lenguaje matemático que no añada ni quita nada. 2 + 2 = 4, aquí y en Lima y nadie puede añadir subjetividad alguna.
Todo lo que nos llega se parece a la realidad como un huevo a una castaña, esta es una de las razones para no creerse nada de nada de lo que nos dicen.
Todo está equivocado o manipulado, todo es impreciso, precario, falto de rigor, descuidado...
Salud
Francesc Cornadó

car res dijo...

Me acuerdo de pequeño, un juego, que consistía en que uno decía al oído de otro, una palabra o una frase. El que recibía la frase la comunicaba al oído del otro. En cadena. El resultado final, era de risa. Claro, que siempre cabía que alguno en la cadena engañara, que era lo normal.
Hay muchas versiones del juego, lo que no me esperaba es que fuera utilizado en una empresa, entre señores y señoras respetables. Mucha mala leche, en el tal Manzano observo. A más de uno le subiría la presión.
Saludos.

Tot Barcelona dijo...

Es cierto que el lenguaje matemático es exacto, FRANCESC CORNADó, bien cierto, pero no podemos trasladar matemáticamente la belleza de un Vayreda a otra persona sólo con números, necesitamos del lenguaje. Es aquí cuando se hace necesario saber utilizarlo, incluso hasta para mandar a freír espárragos a un desaprensivo, nos es necesario.
Comparto lo que nos comentas de: " que hay razones para no creerse nada de nada de lo que nos dicen", pero en todos los ámbitos.
Un abrazo muy grande
Salut

No lo sabía CAR RES, eso del juego de niños, pues si se parece a grandes rasgos.
Cierto que hay mala leche, pero el Sr Manzano nos hizo ver una cosa importante, al menos lo vi así, que ojo con lo que te dicen, ya sea el gran accionista de la empresa, porque los tiros, como muy bien has intuido, iban por ahí. El director estaba harto de ciertas habladurías y se le ocurrió esta treta, como bien has observado todo empezó por el accionariado y en él se cebó el psicólogo, pues tenía que haberse negado a decir nada al siguiente en la lista aduciendo que se había olvidado de lo que había visto. Y no hubiera pasado nada, antes bien, se hubiera acabado el juego.
Un abrazo
Gracias por estar

FRANCESC PUIGCARBÓ dijo...

Jo no he entés res. Dec estar espes.

Salut

Tot Barcelona dijo...

Tranquil, FRANCESC PUIGCARBÓ, igual sóc jo que ho he explicat malament.
Salut

Tot Barcelona dijo...

carlos portillo - podi-. dijo...

Un cuadrado con dibujos dentro que representan diferentes cosas. Todo cuanto podría yo asegurar haber visto.

podi-.

Tot Barcelona dijo...

Y poco más, CARLOS PORTILLO -PODI-, pero está hecho con esa malicia porque uno se olvida de lo que ha visto con tanto cuadrado y dibujo, por más que te den quince minutos para ello.
Salut