Dicen, aquellos que creen en el destino, que tenía que pasar. Y pasó.
En época de prosguerra vale más el futuro incierto que la certeza presente.
El futuro incierto se llamaba "Cabo de Buena Esperanza", barco que llevaba más de veinte años de singladura y que ahora se encargaba de dar lo mismo que su nombre anunciaba, esperanza, transportando pasaje emigrante desde Europa a las Américas.
El navío había partido de Génova un 12 de septiembre, y tenía prevista la llegada a primer destino, Barcelona, dos días después, de mañana, para volver a salir cargando incertezas rumbo al cono sur esa misma tarde.
Y fue allí, en el barco atracado en el puerto de Barcelona donde se conocieron, esta vez, ya, dos días más tarde, un 14 de septiembre.
Tanto una como otro pasaron por alto que si una vida entera no basta para conocerse a sí mismo, veintinueve días nunca serían suficientes para conocer al extraño que tenían enfrente.
Todo lo posterior fue cosa del destino, y lo que tenía que pasar, pasó.
Génova (Italia) — Puerto de origen/salida 12 septiembre 1949
Barcelona (España)- 14 de septiembre de 1949. Montjuïc al fondo.
- Cádiz (España); Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias, España); Río de Janeiro (Brasil); Santos (Brasil); Montevideo (Uruguay);
- Buenos Aires (Argentina) — Destino final el 11 de octubre de 1949



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