El siglo XIX fue un período violento. La guerra del Francés, las carlistas, la revolución del 68 y la proclamación de la I República, los tres años de la monarquía de Amadeo de Saboya, la restauración borbónica, los enfrentamientos entre absolutistas y liberales... Por todo esto y alguna cosa que se me olvida los gobernadores establecieron unas medidas para controlar a la población civil, hasta el extremo de otorgar pasaportes para todo aquel que se decidiera a moverse fuera del término municipal, independientemente fuera la localidad cercana o lejana. Estos pasaportes incluian los datos físicos y el motivo del viaje.
El documento que les enseño es inédito, de una persona que se mueve entre municipios para pedir limosna. Lo curioso es que sabe firmar, algo insólito para una persona de su condición y en esa época.
Vemos que ha viajado por Begas, Corbera, San Cugat (Sant Cugat), Papiol, Prat (El Prat), San Juan Despí (Sant Joan Despí), San Clemente (Sant Climent)...
Que curioso el documento... Nunca he entendido por qué un pobre era "de solemnidad", pero ahora lo busco y sigo sin verlo claro, pues me dicen que era porque los pobres pedían preferentemente los días de fiesta.
ResponderEliminarSupongo que el pobre de solemnidad era un pobre "constatado", de aquellos que era seguro que era pobre y no era "fake". que se diría ahora...
EliminarPor lo demás ya ves que hay cosas curiosas, y esta no deja de ser una de ellas.
Buen día y gracias por tu compañía.
En el siglo XIX, aún no existían los sistemas de control informático tan potentes que padecemos actualmente y sin tanta burocracia como la de hoy también se controlaban los movimientos y las actividades.
ResponderEliminarEs muy interesante el documento que muestras, te felicito por estas tus indagaciones.
Salud.
Este papel, y otros muchos, amic FRancesc, lo he encontrado en los archivos municipales de El Prat. Me dejaron hacer unas fotos por lo curioso que es.
EliminarTengo otras de otras cuestiones que también llaman la atención, pero no me dejó indiferente esto del salvaconducto, o pasaporte para moverse de un lado a otro dentro de la provincia.
Siempre hemos estado controlados, cierto.
Un abrazo
Salut
Me ha hecho gracia que a falta de foto, estén las "señas generales del portador": edad, estatura, pelo, ojos, nariz, barba, cara y color. Je je je... parece que estoy viendo al Sr. Dolla.
ResponderEliminarY fíjate, NOXEUS, en el detalle, parte un 27 de julio (1828) de Begas; pasa por Corbera, tira para el Papiol, pernocta en El Prat, vuelve por San Cugat, dobla para Sant Joan Despí, se acerca a Sant Climent y vuelve a El Prat un 28 de agosto.
EliminarUn mes pidiendo almoina; era un trabajo duro, pero por lo que se ve, productivo; o sea, pedir era un "oficio", incluso tenías un pase que lo ponía.
Muy curioso.
Un saludo
Este documento, de 1828 se hizo cuando la fotografía era aún muy incipiente. El invento, en ese momento, tenía dos años y ni siquiera se habían planteado todavía que podía acompañarse a los documentos identificativos.El primer antecedente data de mayo de 1876 en la Exposición Universal de Filadelfia. El fotógrafo William Notman creó la "tarjeta fotográfica" con el fin de identificar y controlar el acceso de los empleados y expositores. Luego ya en el siglo XX (1915) y como consecuencia de la Primera Gran Guerra, se empezó a utilizar por parte del Reino Unido y Australia.
EliminarMuy interesante el saber como se incorporó la foto como seña de identidad de los individuos. Se podría decir que allí nació la identificación facial.
EliminarGracias ¡
Como hicieron después en Sudáfrica con la población negra. Control absoluto.
ResponderEliminarSalud.
Algo muy similar, CAYETANO. Cierto.
EliminarUn saludo
Es. una cedula personal, de la clase pobre, de antes de que Franco creará el DNI en 1951,cuando ya tenía 6 añitos.
ResponderEliminarSaludos
No las había visto nunca.
EliminarSaludos
Qué curioso. Un beso
ResponderEliminarSí que lo es, cedula hasta para mendigar.
EliminarOtro para ti
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarUn pobre ilustrado no deja de ser una excepción. Buena labor de investigación, pardiez, que sus enteráis de todo.
ResponderEliminarSalut
En los archivos hay cosas curiosas ¡¡¡
EliminarSalut
lo de llevar la burocracia a la pobreza me ha parecido muy español :)
ResponderEliminarSemos ansí ¡¡ BEAU
EliminarUn saludo
Tener una cédula de pobres, significaba no pagar tributos, así que había muchos pobres
ResponderEliminarAlgo de ello si que hay ¡
EliminarSaludos
A mí también me ha llamado la atención lo de "pobre de solemnidad, porque hasta ahora pensaba que era una manera coloquial de llamar al que es pobre, cargando un poco las tintas para dar énfasis y poco más. Pues va a ser que no, que hasta el siglo XIX una persona podía ser declarada oficialmente "pobre de solemnidad" mediante un procedimiento legal. No significaba simplemente ser pobre, sino encontrarse en una situación de mucha miseria, sin bienes ni recursos suficientes para mantenerse, con derecho a obtener ciertas modestas prebendas, como dice car res.
ResponderEliminarEs un caso curioso de cómo un término administrativo acabó convirtiéndose en una expresión popular, para designar a cualquiera que "no tiene ni un duro" o "está con una mano delante y otra detrás" (Ferrusola dixit respecto a su famiglia) . Pasa algo parecido con "miserable", ojo. Aunque "miserable" se llamaba antiguamente así a los muy pobres, merecedores de compasión (viene del latín miserabilis), la palabra evolucionó. Ya en la literatura del XIX tenía una fuerte carga moral para señalar a personas despreciables, ruines, infames o malvadas. Por ejemplo, "El Conde de Montecristo" está plagado de sujetos que le hacen tremendas putadas al protagonista y que no nos merecen compasión alguna (ni al conde tampoco). Y ahora también hay miserables extremadamente ricos o con mucho poder, gente con tal bajeza moral que nos puede llegar a perjudicar seriamente.
Abrazos.
Cierto, cierto. El papel certifica y da fe de la condición pecuniaria del individuo. Por lo que parece te daba potestad para mendigar con cierta autoridad y que los pobres no eran relegados como algo invisible, sino que tenían ciertas prebendas como el pase mismo, que si lo observas con atención le era gratis "por ser pobre", con lo que podemos pensar que el pasaporte, o salvaconducto, valía sus dineros.
EliminarMe resulta curioso que una persona en esa condición supiera escribir, porque firma, y la firma es legible.
Hay, en el archivo de la ciudad, muchos documentos de índole parecida, Gran Uribe, y que con tiempo se puede investigar dado que no hay impedimento alguno y aquí todos abres las puertas, cosa que es de agradecer.
Un abrazo grande ¡
Sé que estás fadao> porque no he puesto una foto del reloj de sol de la "Casa Frare Blanc" (Asador de Aranda). Sorry!.
EliminarAgggggggggggg..muy fadao ¡¡¡ pero muy fadaoooo ¡¡¡
EliminarTres Padres nuestros, dos genuflexiones y medio Rosario a paso de cabra...como la Legión ¡
y una fel****n...!!!
EliminarRepórtese Señor NOXEUS ¡¡¡ Le llamo al orden ¡¡¡..(esto se está poniendo peligroso)
EliminarDemuestra el texto, que la
ResponderEliminarpolarización, por desgracia,
no es de ahora, me alegro
que se conserven los
documentos, saludo Miquel.
.
Sí, cierto, los documentos aportan claridad y abren nuevas vías, además de la curiosidad, Orlando.
EliminarUn saludo, Orlando ¡¡ A las gallinas también ¡¡¡ No te olvides ¡
Había también en la posguerra algo que le llamaban "cartilla de pobre", con la que había derecho a ir a un consultorio médico que estaba cerca de mi casa y donde se formaban largas colas por la mañana. Con esa cartilla, también tenían acceso al Hospital de San Juan de Dios, que gestionaba la Diputación Provincial, pero lo que no sé es si esa "cartilla de pobre" era la misma Cédula Personal, que tenían los mayores de 15 años, en la que se añadía su situación de pobreza, o si era algo distinto.
ResponderEliminarNo puedo ayudarte en este entuerto, SENIOR CITIZEN, no lo sé. Seguramente, en cada provincia, en cada población, habrían ayudas de diferente estilo, pero en concreto de la que nos cuentas de la Diputación no podría decirte nada.
EliminarNo, el Consultorio era del Ayuntamiento y el hospital de la Diputación, así que aquella cartilla debía ser del Estado. Probablemente, era la misma Cédula Personal.
EliminarProbablemente sería tal como dices, SENIOR CITIZEN.
EliminarVan cambiando los nombres de las cosas, pero todo sigue igual, les llamaban "pobres de solemnidad" y ahora es "persona vulnerable".
ResponderEliminarSalud.
Pues sí, cierto. Cambian los nombres, no los problemas.
EliminarSalut
Curioso, sin tanta digitalización el hombre siempre ha querido controlar, registrar, autorizar,... a sus congéneres.
ResponderEliminarpodi-.
Por lo que se ve siempre ha sido así, PODI.
EliminarUn saludo ¡
Te imagino en el archivo municipal revisando documentos por las mañanas, y diciendo 'eureka' cuando encuentras uno motivador. Tu papel es de investigador en múltiples direcciones y ahora el archivo municipal te ofrece un campo apasionante para conocer el pasado de la villa de El Prat, y el funcionamiento de la vida hace dos siglos. Y se puede decir que algo hemos mejorado desde entonces. Ahora no es necesario un pasaporte para ejercer la mendicidad; se puede practicar libremente en todos los municipios. En Cornellà no veo mendigos más que ocasionalmente, muy raramente, pero Barcelona abunda en sintecho. La pobreza es endémica a las sociedades por más que se haya intentado erradicar con ayudas sociales. Tú de esto sabes mucho y bien. Un abrazo, documentalista aventajado.
ResponderEliminarEsto de que te abran las puertas y puedas pedir y preguntar es algo que me sobrepasa, JOSELU.
EliminarMe gusta muchísimo ver a donde van a parar los impuestos que abono al Ay untamiento, y me gusta la biblio, el archivo, el ver que cada día pasan las máquinas a limpiar, los muchos coles y la gran cantidad de parques de esta ciudad/pueblo, pues no sé como definirlo. Me encuentro bien en este lugar.
Y me gustan los niños, y aquí, a diferencia de Barcelona, hay muchos, muchos más que personas paseando cánidos, y eso se agradece.
El pasado de esta villa va muy unido al de Barcelona, pues el agro iba casi bien de la mano, los productos de aquí se vendían en los mercados de allí.
He visto muchas cosa muy interesantes, iré poniendo algunas que llamarán la atención, seguro.
Un abrazo y gracias por tu compañía, JOSELU
Hay que ver lo que cambian los tiempos. El asunto es que en los 50,que hice a veces de monaguillo, venían a la parroquia, indigentes, para que el párroco le firmará un papel de buena conducta, para la Beneficiencia, como que era buena persona.
ResponderEliminarAhora, es la Estadística la que manda, se considera vulnerable aquella persona que ingresa menos del 60 % de la media, si mal no recuerdo. Tiene unos derechos. Ni quito ni pongo, no soy párroco ni estadista
Saludos
Todo cambia, cierto. Hoy las cosas son de otra manera, date cuenta de que hay montones de subvenciones por un lado, y por otro está lleno de organizaciones, unas del estado , y otras religiosas, y que los dos tipos cumplen su función, al menos por lo que sé.
EliminarPor otra parte hay fundaciones y entidades, como el Banco de Alimentos, que también hacen su labor.
saludos
Me extrañó que el Papa no visitara las instalaciones de las hermanas de Calcuta, que están al lado, cuando si lo hizo a la iglesia de San Agustín, por el hecho de que es agustino.
EliminarEn la iglesia que había unas 50 hermanas, tampoco se dirigió a ellas en especial por su labor social. Dio la mano a algunas al pasar, pero ni siquiera una bendición. Muy extraño
Y recuerda, estaban en tercera y cuarta fila. No habían más que trenta hermanas, contando de que allí hay ocho (seis que están a pie de obra y dos muy mayores que no pueden casi valerse) el resto era de fuera (Sabadell, Madrid, Murcia, Lisboa, Paris...)En las primeras filas había gente del OPUS, te podría decir varios nombres que ví) y políticos que jamás pisarton aquello. Sí hubiera querido, visitar las instalaciones y darle la bendición al comedor y la cocina no le hubiera costado media hora.
EliminarUn pobre de solemnidad es un pobre con clase, que para todo hay niveles. No e slo mismo un señor que se ha quedado en la ruina despues de un negocio fracasado u otra contrariedad que una persona que nunca ha tenido un duro. En el primer caso siempre queda algo de Cultura, modales y saber estar en el otro posiblemente nada.
ResponderEliminarUn saludo
Solemne declaración, ¡Vive Dios!.
EliminarUn saludo, Danielico ¡
Daniel, en el primer caso, del rico a pobre, existe lo que se llama la ley de la segunda oportunidad, que se solicita y se eliminan todas sus deudas, excepto las deudas con Hacienda. Es una forma de tener otra oportunidad en la vida
ResponderEliminarSaludos
Car Res, el papel lo aguanta todo incluso lo de la segunda oportunidad. Pero sin padrinos "no hay boda".
EliminarUn saludo
Qué historia más maravillosa. El eco de Don Antón Dolla nos alcanza gracias a tu entrada, gran Tot. Sus andanzas de giróvago, con su clámide que imagino cochambrosa, en un siglo lleno de asechanzas. Una guerra desastrosa como la de la Independencia, destruyó infraestructuras como ninguna otra, tres guerras carlistas, civiles, como recogía en Farsalia Lucano, que era preferible centenares de combates contra potencias extranjeras al desgarro de una guerra civil. Guerras en Cuba, la grande, en África.
ResponderEliminarEl pasaporte a la luz de nuestros días, nos parece un control inasumible. Recuerdo, que hubo una vez que en un club de lectura, y a raíz de haber escogido Vida y destino de Grossman, surgió un intenso debate sobre las cédulas, que permitían habitar en una ciudad, pero solamente estar de paso en la urbe vecina. Si un viajero no tenía el permiso y su estadía se excedía más de unos días, podría acarrear el arresto. Los brutales servicios de contraespionaje soviético emularon y superaron a la Ojrana zarista Lo curioso, es que el debate a principios de los años dos mil, donde no se barruntaba el control que vendría después, ni siquiera los que nos mostrábamos recelosos entonces. Ahora, con la inteligencia artificial, de la que se hablan milagros, y de embelecos de productividad, genera eso sí, más formas de control. Cualquier reunión, se nos vende como apoyo, y no es más que unos oídos incómodos. Es más asumible ese pasaporte o que nos auditen cualquier cosa que hagamos. Orwell no se quedó corto. Y cuidado con que el algoritmo detecte un ápice de rebeldía. Grande Tot, allá donde esté el señor Dolla, seguro que habrá leído complacido tu columna. Un abrazo muy fuerte. Increíble historia.
Mi más que recordado SERGIO MUNARI:
EliminarEs curioso como han cambiado los métodos, incluso las formas, ya ves, de lo que es mantener al sistema informado de las andanzas de uno.
Nuestro buen Don Antón Dolla iba, al igual que hace uno en en Camino de Santiago, en busca del sello de la autoridad, para que diera a bien tener conocimiento de su paradero y los pasos por donde pernoctaba. Hoy llevamos un instrumento en el bolsillo que puede dar al sistema la ubicación exacta, estés en el paraje que estés, sin miedo a unos centímetros de error.
Hoy no hacen falta contraespionajes como el que nos señalas, mi buen SERGIO, lo sabemos todos, y aún así insistimos, y regalamos información al ojo que todo lo ve.
Esa red de espionaje zarista se asustaría hoy de lo beneplacistas que somos dando datos y más datos sin quejarnos, incluso con ganas, enviando fotos, conversaciones, ubicación y gustos inclusive.
¡Cómo ha cambiado todo!
Un abrazo y gracias por asomarte y regalarnos tu tiempo.
Otro abrazo para ti.