De siempre he pensado, ya veo que me he vuelto a equivocar, que las huelgas generales eran un derecho constitucional de los trabajadores frente al poder y no un recurso institucional del Gobierno contra la oposición parlamentaria.
A mi criterio, y en el contexto de la política, atribuir el malestar social a quien no dispone del aparato del Estado responde a esa misma lógica de dar la vuelta por completo a la realidad institucional.
Como decía unos de mis filósofos preferidos, Gabriel Marcel : "Yo no asisto al espectáculo"
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