Uno siempre celebró el "Día del Progenitor".

martes, 26 de enero de 2016

Fragmentos de una historia que me pertenece. Cap. XXVI


Cap XXVI




En las barracas los Reyes Magos siempre fueron díscolos.

Traían poco, de una talla mayor , y generalmente sin la envoltura que denotara que lo que uno se iba a poner no hubiera estado ya utilizado. Pero los chavales éramos agradecidos. Todo nos parecía nuevo, y sino, lo disimulábamos tan bién que hasta nuestros padres, quien los tuviere,  pensaban que nos habían engañado.

Siempre fuimos viejos de pantalón corto. 

Ya sabíamos quien eran los culpables que montaban en los borricos en la primera semana de enero, cuando lo que habíamos pedido ya estaba señalado en papel de estraza. Los dos del Tio Genaro y uno del Talabartero, 

Y tampoco nos importaba que en vez de camellos, nuestros Reyes vinieran en La Torda, la Lenta y Relincho, porque era bien sabido que los animales del África poco podían con el frío reinante. La cuestión es que vinieran con algo debajo las alforjas. Lo que fuera.

Ni a la Azucena, ni a su hermano El Grabao, ni a Pata Palo, ni a Mochuelo, ni a mí, nos trajeron jamás lo deseado. 

Con el tiempo supe que no fue por exceso ni por defecto, fue por escasez.

"No pidaís mucho, que hay muchos niños " era el relicario que ya empezaban a recitar los mayores un mes antes de enero. 

A Mochuelo le pusieron cupo: "No más de tres cosas". A Pata Palo le dejaban que escogiera uno entre los varios que había escrito; a la Azucena y a su hermano, El Grabao, sólo un par de cosas por cabeza; a mi, lo que el Rey negro propusiera.

Se dio siempre la circunstancia de que el Rey negro era el más pobre de los tres, y por más que protesté a mi madre y le hice ver que también habían los otros dos, jamás me fue revocado el que me tocó.

 Tampoco supe nunca en que sorteo, ni de que forma me fue otorgada la suerte del dichoso Rey, por otra parte patoso, porque era el que más hacía reír a lomos de Relincho,  y el que daba menos aire de credibilidad al espectáculo.

Todo me hacía dudar, menos los caramelos. Esos eran reales.

El menguado botín que aparecía a los pies de la cama al día siguiente, mitigaba  al menos el trajín de la tarde anterior.

No había el soñado Mecano, pero en su lugar, y porque el Rey negro sabía que me hacía falta, un sueter de color verde botella, extremadamente largo de mangas (porque sabía que tenía que crecer), y unos guantes de lana que parecían los dos de la misma mano. Mi madre lo arreglaba diciéndome que le diera la vuelta a uno de ellos.

Ante mís quejas, siempre salía la respuesta de que me habían traído una cosa que no había pedido, y que no me quejara, que habían niños a los que no les habían dejado nada.

Y eso era la otra cosa que no entendía. Si los Reyes eran buenos y lo sabían todo ¿porqué ese reparto tan poco solidario?

Tuve la fortuna de enterarme un año después.

Me quitó de un cargo de conciencia, y pasé de la esperanza al desengaño.

Con el tiempo, y al ver la tarde de alegría en el poblado, hasta a mí me parecieron  los camellos más bellos del mundo, montados por los Reyes más amables del Universo. 

Y fui más niño entonces que lo que había sido hasta el momento, siendo partícipe del cuento y protagonista del engaño.

Fue Mochuelo el último en enterarse de que los Reyes eran el final de la niñez, pero ni Azucena, ni su hermano El Grabao, ni Pata Palo, ni yo jamás se lo tuvimos en cuenta.

Él esperó su Mecano hasta dos años más tarde. Tampoco le vino.


Si lo hubiera hecho, hubiéramos vuelto a creer en ellos.



17 comentarios:

Mª Trinidad Vilchez dijo...

Bien tu historia, me gusta mucho como lo escribes,porqué no coges todos tus post y los encuadernas en un libro, no cuesta tanto y lo podías editar y así poderlo leer todo seguido.
Tus recuerdos de niñez son tristes pero reales, es tu vida y tu historia y nadie mejor que tú para recordarla.
Un beso y bona nit.

El peletero dijo...

De la esperanza al desengaño de la mano de un rey que llevaba la cara pintada de negro y que era más pobre que los niños a los que llevaba regalos. En realidad nada ha cambiado, continuamos queriendo ir del desengaño a la esperanza, pero...

Miquel dijo...

Lo tengo presente MTRINIDAD..Pero siempre encuentro anécdotas. Esta me vino de seguido, y lo iba apuntando todo en la cabeza mientras veía pasar los camellos de este 5 de enero.
Para mi, personalmente, si que han cambiado las cosas, y para bien, pero eso no me basta, porque se que para muchos, muchos de aquí (ya no hablo del telediario)las cosas van de mal en peor. Lo se por T d C de primera mano.
En fin...Haré un par o tres más y miraré de recopilarlos.
Un beso y gracias por informarme de lo que pasa con esto de Blogger.
Salut

Siii, y a lomos de un borrico que tenía una mala leche que no te quiero contar, EL PELETERO. Pero ya ves, todo se supera, menos los recuerdos que te atropellan.
Un abrazo y bon día.
salut



Júlia dijo...

Cuando era joven creía, a causa de esas realidades y de lo injustos que eran los Reyes, que la tradición debía descartarse y no engañar a nadie más, sin embargo cuando tuve hijos la recuperé, claro que los tiempos habían cambiado y podíamos permitirnos unos reyes más igualitarios...

Francesc Cornadó dijo...

Muy bien Miquel, te felicito. Hay que ir montando la maqueta del libro.
Salud
Francesc Cornadó

sentir1907 dijo...

Vamos a ver este artículo ahora a que viene ???????????????? jajajajajaj , la epifanía de nuestro señor fué el 6 de enero no el 26......, bromas aparte , me ha encantado el artículo sobre todo me ha hecho mucha gracia cuando dices lo de los caramelos que esos si eran reales jejeje
Saludosssssssssss me voy al currelo ¡¡¡

Josep dijo...

Claro, Miquel, es que todos o la mayoria pediamos al rey negro y el pobre...
Siempre que leo un capítulo de tu niñez me pregunto si no has vuelto a ver a tus amigos, los que siempre están. Los que también forman parte del libro. O no se puede decir aun...
Felicidades, Miquel.
Salut.

Fackel dijo...

Creo que cuando lea de nuevo a Juan Marsé tendré la idea de que te estoy leyendo a ti. Me ha encantado.

Lorente P. dijo...

Yo en el único sitio que cada año podía ver a los reyes Magos era en el Sepu subido en lo alto ,salut

Francesc Puigcarbó dijo...


Ni a la Azucena, ni a su hermano El Grabao, ni a Pata Palo, ni a Mochuelo, ni a mí, nos trajeron jamás lo deseado.

NO T'HO HE PREGUNTAT MAI, CREC: Mantens contacte amb algun d'ells, o els hi has perdut la pista?

Miquel dijo...

Contigo, JÚLIA...también me ha pasado lo mismo.
Salut

Está en tus manos...Ya lo sabes
Un abrazo FRANCESC CORNADó

Salut SENTIR ¡¡

No, JOSEP...la historia nos separó cuando mí madre y yo fuimos a vivir a la Calle Carretas, y creo que ellos después a Verdún...o así me lo parece.
Un abrazo

MARSé es mucho Marsé...FACKEL.
Si deseas leer algo más de los fragmentos puedes buscaren TOT por capítulos.
Un abrazo

Pero sólo había uno LORENTE ¡¡¡ sólo uno y sentado en un sillón ¡¡
un beso

He perdut la pista...crec van marchar a Verdún (Nou Barris) no ho se segur.
Una abraçada FRANCESC PUIGCARBó

ben dijo...

¿Esa foto es de un carro de la basura?.Iban tirando los cubos de las vecinas y se los devolvían .Unos recuerdos muy hermosos,porque al final,los niños éramos felices,sin complicaciones.
Saludos.

Rodericus dijo...

Un buen relato, me ha gustado.

¡¡ Y que viejo que soy !!, aún recuerdo haber visto esos carros de la basura cunando tenia cinco o seis años.

Un abrazo.

Enric H. March dijo...

No sé què faria sense els teus relats, Miquel. Bravo! La realitat seria més trista sense el paradís dels records.

Miquel dijo...

Si BEN, es de un carro de basura del 50. Y cierto, pocas complicaciones, las justas.
un abrazo

jejejeje Si, el tiempo se hace un poco terco y se digna acompañarnos RODERICUS ¡
Salut

Petites narracions...és record, solsament records ¡¡
Salut ENRIC H MARCH

Lorente P. dijo...

Miguel si cierto uno solo,nos controlaba a todos desde arriba para que no nos lleváramos los juguetes de los escaparates jeje ,otro para vos

Miquel dijo...

Salut ¡¡ LORENTE