SI LOS POLÍTICOS FUERAN A LAS TRINCHERAS...NO HABRÍA GUERRAS.

jueves, 21 de mayo de 2015

Fragmentos de una Historia que me pertenece. Capítulo XXV




Se cogen puntos de media.

Ese fue el letrero con el que la Engracia innauguró su lugar de trabajo, una barraca cercana  al pasaje que daba de bruces  a la carretera de Montjüic.

Sobre papel cuadriculado y letras al cartabón, quedó señalado el recinto donde las mujeres podían solventar problemas que de otra forma no habría manera de arreglar.

Lejana a nuestra chabola, la pequeña tienda de la Engracia no fue  competencia, sino una referencia para agrandar la clientela.

La una cosía y arreglaba ropa, mi madre; la otra, medias.

La Engracia tenía todo a su favor. Todo menos su nombre.

Gruesa, alta y desgarbada, mantenerse dentro del área de influencia de su alitósis era todo un riesgo.

Pero al igual que las moscas y no sabiendo el porqué, la Engracia empezó a tener una clientela que empezaba hacer cola antes de que abriera a las ocho de la mañana, de tal manera que al tiempo de ir a buscar agua a la fuente se hacía tanda para sus composturas.

Composturas que debían de ser inmediatas, tan inmeditas que a la pregunta de que para cuando querían la entrega contestaban como por regla aprendida : "para ayer".

Generalmente no había dinero para dos pares de medias y el que había,  si estas se estropeaban, era utilizado para reparar lo irremediable.

A veces, no pocas, no se sabía que era lo primordial, si rellenar las damajuanas debajo del caño de la fuente o el conseguir que la Engracia pudiera estar contigo para escuchar el porqué de aquel descosido en una media nueva y con sólo un agarrón.

Y de allí las aventuras, porque los agarrones no sólo venían de tropiezos casuales.

Las ganas de explicar sin dejar entrever daba pie a todo tipo de especulaciones. 

Habían, sin lugar a dudas, enganchones en las medias que eran más de género humano que maquinaria ajena.

Ser hijo de la Pepita, la modista de la CNT, me otorgó la libertad de estar cerca de aquella mesita que cumplía funciones de mini taller con derecho a ciertas escuchas.

Aprendí que habían diferentes tipos de media, no sólo las de nailón, sino que la licra y la seda, estas casi imposibles de dejarse ver, eran deseadas por aquella clientela que empezaba a ser fidelizada.

Y supe de otras más atrevidas y casi desconocidas a mi vista, eran las de costura, pero era más que extraño que estando presente, ninguna mujer abriera la boca para explicar cuál fue el incidente que provocó la carrera.

Y la Engracia tuvo éxito.

Tanto que acabó abriendo los domingos por la mañana haciendo competencia a Don Sebastián, el cura que por aquel entonces, y por poco tiempo, llevó la parroquia a la que decían debíamos deber y obligación de no faltar.

En más de una ocasión Don Sebastián se encaró con la Engracia por abrir los domingos a la mañana con la excusa de que los días señalados por el Señor eran prohibidos para el trabajo. Pero la Engracia, que se sabía los secretos de todas y las andanzas de casi todos, le contestaba que la vida era para dar ejemplo y no consejos, a lo que el cura se retiraba como tocado por arte de magia.

La fama de la Engracia fue creciendo en proporción a los enfrentamientos con la iglesia, ganándose el respeto del vecindario que ya no dudaba en confesarse delante de una minúscula máquina que tenía un halo mágico para las mujeres y dejaba boquiabiertos a los hombres.

De tal manera que la técnica ganaba cada domingo la partida al espíritu, cosa que a Don Sebastián le ponía de los nervios mientras que a la Engracia le dejaba indiferente.

Quizá por eso, o porque la arregladora de medias sabría alguna cosa más, vaya uno a saber, Don Sebastián estuvo poco tiempo al frente de la parroquia, cosa que a el Grabao, a su hermana la Azucena,  a Pata Palo, al Mochuelo y a mí nos vino como agua de mayo, porque Don Sebastian tenía el corazón tan corto como sus manos de largas, tanto que entre nosotros le llamábamos “el sobón”.

A la Engracia le gustaba enseñar, de tal manera que a la Azucena, la hermana de el Grabao, la tentó para un aprendizaje.

De allí salimos todos con lo básico aprendido y lo elemental aprobado.

No hubo cuento, encuentro, diálogo, carta o cita que nosotros no supiéramos.

Y entre otras muchas cosas, empezamos a entender el porqué de las pesadas largas de Don Cipriano, al que jamás se le pasaba un equilibrio en su báscula de pesas, menos cuando se tropezaba con la Jacinta, a la que siempre añadía un contrapeso en forma de patata al aligerar el plato esbozando una enigmática sonrisa.


Y de aquello, sacamos la conclusión Pata Palo, el Grabao, su hermana la Azucena, el Mochuelo y yo,  de que para los “mayores”  las medias tenían la posibilidad de abrir más puertas que las llaves del Eleuterio, el encargado de la fábrica de los jabones.

15 comentarios:

Mª Trinidad Vilchez dijo...

Me acuerdo de mi prima Encarna, en Sabadell, que ella cogía los puntos de media, ponía la media en un vaso y con un aparatito cogía los puntos de la carrera que se había hecho.

Antes se arreglaba todo.
Ahora se tira todo.


Como siempre una buena historia Miquel.

Muchas gracias por compartila.

UN BESO.

Jesús pececillo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jesús pececillo dijo...

Ondia Miguel que hacías mirando por el agujero de la cerradura? claro que el cura tenia razón de no trabajar el domingo? de lunes a sábado te robaba el patrón el domingo te robaba y engañaba el cura faltaría mas le van hacer competencia y mucho menos las mujeres por Dios? si llego a conocer ese detalle de la cerradura me a punto anda que no se pasaba hambre en la época por culpa del cura? salud

F. Puigcarbó dijo...

Quan jo era menut, al carrer Vilarrubies a Sabadell, hi havia un taller de costura on arreglaven mitges, i hi treballaven SET O VUIT SENYORES. Debia ser un bon negoci.

salut

Miquel dijo...

Y aquello, seguro MTRINIDAD, sería como la peluquería...se sabría todo ¡¡
jajaja
salut

Ayyy los curas sobones...tocaban todo lo que se movía JESÚS PECECILLO ¡¡
un abrazo

Era un bon negoci..no posaves amb prou feines material, la inversió era mínima, les reparacions no eren cares en comparació al producte i les mitjanes eren de moda i necessàries perquè les dones totes portaven faldilles i el fred era del que pelava
Era un bon negoci FRANCESC PUIGCARBó
Salut

Enric H. March dijo...

Ah, quin luxe quan t'obren les portes del gineceu! El que tu expliques magistralment amb doña Engracia, jo ho vaig viure a la perruqueria. Tenir accés als secrets no té preu.

Miquel dijo...

jajajajajaja...
justa la fusta, ENRIC H MARCH. Aixó és el que vull dir.
Una abraçada caníbal ¡¡¡
salut

eRRe dijo...

Qué bien lo debiste de pasar haciendo de vogeur en ca la Engracia :)

Salut!

Miquel dijo...

Un no es consciente de lo que sabe...hasta que lo sabe utilizar...ERRE. Y esta frase me la apunto, porqu es así
salut
Gracias por pasarte

AMALTEA dijo...

Qué recuerdo de sopetón con tu relato y la ilustración de las medias Glory. Eran las que usaba mi madre. A escondidas me ponía sus medias y tacones, disfrazada de chica recorría el pasillo de casa cuando estaba sola.
No había vuelto a ver ese enuncio hasta hoy, tú memoria ha rescatado parte de la mía; también en mi barrio existía una mercería donde se "cogían puntos de media"
Sigue.
Abrazos

ben dijo...

Mira por donde mi mujer se pagó toda la carrera cogiendo medias.Con su motor en forma de huevo
metálico brillante,que hacía mover una aguja que al final tenía un saliente,con el que sacaba
y metía el hilo en la trama de la media.Claro,que en eso por poco se deja un ojo de tanto mirar
el genero con la luz de una bombillita pequeña.Por eso la carrera casi le cuesta un huevo,mejor
dicho un ojo de la cara.Mujeres de su tiempo,luchadoras.
Saludos.

El peletero dijo...

La vida es para dar ejemplo y no consejos.

Una història preciosa!!

Felicitats!!

Miquel dijo...

Me llena de ilusión AMALTEA que te traiga recuerdos...Todos tenemos un montón en el cajón
Un beso grande
salut

Ya ves BEN, no sólo fue la Engracia la que sacó adelante su familia...Mira por donde
Y ahora me haces recordar lo de los huevos de madera...ostras para coser calcetines ¡¡¡
Un abrazo muy fuerte
salut

El cura iba loco EL PELETERO...menudo uno ¡¡
Salut i gracies

AMAJAIAK dijo...

En cuanto he leído "Se cogen puntos de media" me has trasportado a mi infancia, en la panadería que iba de pequeña estaba ese cartel también.

Miquel dijo...

Ahhh la memoria siempre nos trae buenos recuerdos AMAJAIAK
salut